El arrepentimiento, ese sentimiento de haber hecho o dejado de hacer alguna cosa.

En numerosas ocasiones, medimos dicho arrepentimiento en función del aprendizaje que nos llevamos. Decimos que ese acto «me convirtió en lo que soy hoy», «me llevó donde estoy ahora». Decimos que no nos arrepentimos de lo que hicimos.
Quizás la cuestión no sea evitar mencionar esta palabra, que parece ser que nos agita por dentro. Da la sensación de que si mencionamos «me arrepiento» nos convertimos en seres vulnerables, que dicha expresión nos castiga, y tendemos a sacar pecho y endiosarnos diciendo «no me arrepiento de lo que hice», «si volviera a nacer haría lo mismo»…
¿Hasta que punto esta forma de hablar del arrepentimiento nos está limitando a superar ese acontecimiento, o nos esta cargando de más culpa?.
Quizás la cuestión no pase por evitar mencionarlo, sino por aceptar el error que fue dejar o evitar hacer aquello que queríamos realmente. Asumir la responsabilidad que tenemos sobre las consecuencias de nuestros actos y decisiones.
El decir «no me arrepiento» escurre el bulto de asumir nuestra responsabilidad. El «no arrepentirnos» calma el dolor que sentimos por aquello que no hicimos, sin embargo no cura la herida que nos produjo y aún sigue incordiándonos.
Aceptar el arrepentimiento nos da poder para sanar, nos llena de coraje y serenidad para aprender de lo vivido y aplicarlo en el presente«
Ruben Núñez Besteiro
No creo que la cuestión sea «no arrepentirse», sino aceptar lo que fue, lo que quizás perdimos en el camino, perder el miedo a sentirnos arrepentidos si así es como lo sentimos, para liberar así el yugo del deseo no cumplido.
Arrepiéntete y cierra así la puerta de la incertidumbre»
Ruben Núñez Besteiro
Cuando te arrepientes de lo que hiciste o dejaste de hacer, puedes comenzar a aprender la lección.
ARREPENTIRSE, ES LIBERARSE.








