Mientras el mundo se instala entre profundas dudas existenciales, el deporte inspira a la sociedad las grandes alegrías, esperanzas y emociones.. Sin duda, en estos momentos urgen motivaciones y estímulos que compensen el apagón moral que estamos sufriendo con la gran crisis mundial a la que nos estamos enfrentando.
Tenemos necesidad de valores positivos y optimistas mientras el estado de ánimo generalizado es grisáceo y está contagiado por la desorientación y la falta de liderazgo. Ante estas situaciones, hay que fomentar la concordia, identificar aquello que nos enlaza y rechazar lo que nos separa.
El deporte nos une en un mundo globalizado que paradójicamente tiende a la individualidad por encima de la colectividad. Neutraliza tensiones políticas o religiosas entre países, provoca reencuentros, concilia familias, interrelaciona culturas, invita a convivir diferentes generaciones y enlaza amistades.
El deporte también ejemplifica esfuerzo, la tenacidad, la competividad, el fracaso, la complicidad, la estrategia, la confianza, el trabajo en equipo, en definitiva, una infinidad de valores que compensan el vacío en nuestro entorno actual.

En el mundo del deporte tenemos la obligación de unir, en vez de desunir»
Vicente del Bosque.
ESPÍRITU DE SUPERACIÓN
Solo una actitud con voluntad de sacrificio, esfuerzo y espíritu de superación puede ayudarnos individual y colectivamente a mantenernos activos en una carrera de fondo llena de obstáculos.
El miedo al fracaso, problemas personales o una lesión pueden convertirse en el gran enemigo de un deportista, pero tener una actitud de superación es la única salida en los momentos difíciles. Una mentalidad fuerte, disciplina y tener la suerte de contar con un buen entorno de personas a su alrededor son ingredientes básicos e imprescindibles que empujan a seguir luchando en todos los propósitos que quiera marcarse cualquier deportista.

Hay que atreverse a ser grande»
Kobe Bryant
EMPATAR
El deporte va más allá de la competición basada en el éxito y el fracaso. Tiene una misión mucho más importante y trascendente que los resultados alcanzados o lo trofeos que se guardan en una vitrina. Es mucho más difícil que perder y ganar, se trata de empatar. Una misión que obliga al deportista a rebajar algunas ambiciones a cambio de no olvidar que el deporte es un juego que tiene en cuenta cómo y para quién se hacen las cosas.
En ocasiones se trata de empatar con uno mismo y no contra los rivales, porque es un ejercicio interior de trabajar valores como el compañerismo, saber ceder, respetar, ser sincero y colaborar entre otros.

El sentirte feliz como persona es superior a cualquier triunfo»
Andrés Iniesta
EL EXITO Y EL FRACASO
En un mundo tan competitivo como el que vivimos nos hemos acostumbrado con facilidad a tener excesivo miedo al fracaso y eso nos impide seguir avanzando con pasión y determinación. Sufrimos porque nuestras metas son cada vez más difíciles, y eso provoca que no tomemos conciencia de nuestros éxitos por pequeños o insignificantes que sean.
El entorno cambia constantemente, esto nos somete a unas excesivas presiones puntuales, por ello es recomendable que midamos las cosas a larga distancia y tomar perspectiva de lo que hemos hecho y cómo hemos sido capaces de hacerlo. Valorar las circunstancias en caliente es muy probable que distorsione nuestra valoración y la de los demás.
En el deporte la vara de medición del éxito o el fracaso también se sustenta en los VALORES. La constancia y perseverancia en el tiempo son el mejor resultado para valorar una trayectoria. En otras circunstancias, y porque la balanza no siempre se decanta hacia lo positivo, un deportista combate el miedo al fracaso y tiene que estar preparado para afrontarlo. Su fortaleza radica en asumirlo con naturalidad porque es una de las consecuencias de la competitividad.

Todos los que practicamos deportes sabemos que salimos para ganar o perder. Hay que aceptar las dos cosas. Uno no se puede venir abajo por perder un partido o muy arriba por ganarlo.»
RAFAEL NADAL

Me gusta mucho tu artículo. Valores, trabajo en equipo, espíritu de superación para hacer las cosas mejor, trabajar con el empate, la victoria y la derrota. Entender que son la vida misma. La raíz de hacer bien las cosas, de sentirse feliz con lo que se hace proviene de poner en juego valores, trabajo, esfuerzo y dedicación. Cuando los resultados se convierten en expectativas… peligro, peligro… En esa situación se está a un paso del fracaso, la depresión, la derrota -seguro que caben más adjetivos aquí-
Me gusta pensar que cuando hago deporte o entreno a otros, estoy trabajando en mi y sólo en mi. Y ¡oh que sorpresa! finalmente repercute también en los demás.
Aprendiendo día a día, sintiéndome aprendiz de todo y maestro de nada
Gracias por tu mensaje, Rubén
Gracias por tu reflexión al respecto, es maravillosa y enriquecedora.