Si algo he ido aprendiendo a lo largo de mi vida, es que ponerse metas forma parte del camino hacia la felicidad.
Todos buscamos ser felices, pero lo sorprendente es que cuando se nos pregunta en qué consiste la felicidad o qué queremos para nuestra vida, no siempre sabemos dar una respuesta clara.
Parece que la felicidad va más allá de una mera ilusión. Está íntimamente relacionada con hacer aquello que realmente uno quiere hacer. Con el cumplimiento de los deseos más profundos del ser humano. A estos deseos les llamamos “sueños”.
Para poder convertir estos sueños en realidades, debemos bajarlos a la tierra y transformarlos en METAS.
El Alquimista, Paulo Coelho.
“Es precisamente la posibilidad de realizar un sueño lo que hace la vida interesante”
Es decir, que la verdadera felicidad es el camino que emprendemos en la consecución de nuestras metas. Metas que doten de sentido a nuestra vida y que nos permitan disfrutar de ella en el momento presente. A cada paso del camino. Y si éste es el secreto… ¿Por qué no nos ponemos metas y caminamos para conseguirlas? ¿Acaso no queremos ser felices? Los seres humanos tenemos varias razones para no perseguir nuestros sueños, o lo que es lo mismo, para no ponernos metas:
- No reconocemos su importancia.
- Creemos que al establecerlas de manera clara y firme nos estamos comprometiendo y no todos queremos hacerlo aunque ello implique menor bienestar.
- No sabemos cómo establecerlas y qué pasos son los que dar.
- Incluso en ocasiones, no estamos dispuestos a aprender.
- Tenemos miedo al fracaso y al rechazo. Pensamos que si no nos fijamos metas, nuestra posibilidad de fracasar es mucho menor. No nos damos cuenta, de que el fracaso de no intentar lo que deseamos o de no tener una vida mejor, es mucho mayor.
- Deseamos una vida «fácil» y sabemos que lograr las metas requiere de esfuerzo y trabajo. No vemos el desgaste y malestar que provoca la insatisfacción o el sufrimiento, causados por dejar nuestra vida en manos de los demás o por obtener menos de lo que queremos y podemos tener.
- Creemos que desear es suficiente para obtener lo que necesitamos o queremos.
Y un largo etcétera.
La felicidad no depende de la suerte, del destino, del azar, sino de nosotros mismos, de nuestra caminada por la vida.
Decía el filósofo estoico Marco Aurelio (121-180) en su obra «Meditaciones» que «si te sientes dolido por las cosas externas, no son éstas las que te molestan, sino tu propio juicio acerca de ellas. Y está en tu poder el cambiar este juicio ahora mismo».
En esta línea, el psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi afirma que:
«Una persona puede hacerse a sí misma feliz o miserable independientemente de lo que esté realmente sucediendo «fuera», tan solo cambiando los contenidos de su conciencia. Todos conocemos individuos que pueden transformar situaciones desesperadas en desafíos que superar, simplemente por la fuerza de su personalidad. Esta capacidad de perseverar a pesar de los obstáculos y retrocesos es la cualidad que la gente más admira en los demás y con justicia, porque es probablemente el rasgo más importante, no sólo para tener éxito en la vida, sino también
para disfrutarla».






