Es bastante común que nos decepcionemos cuando no conseguimos lo que queremos y que nos aflijamos cuando logramos lo que no queremos.
En cambio, si evitas sólo las cosas indeseables que son contrarias a tu bienestar natural y que están bajo tu control, nunca te verás envuelto en algo que no quieres realmente. No obstante, si tratas de evitar fatalidades como la enfermedad, la muerte o el infortunio, sobre los cuales no tienes un control real, sufriréis tu y quienes te rodean.
El deseo y la aversión, aunque poderosos, no son más que hábitos. Y podemos ejercitarnos en tener mejores hábitos. Restringe ese hábito de verte rechazado por todas esas cosas que se escapan a tu control y céntrate, en las cosas nocivas que sí puedes combatir.
Haz todo lo que esté en tu mano para refrenar el deseo. Pues si deseas algo que escapa de tu control, seguramente acabarás decepcionado; mientras, estarás descuidando las cosas que están bajo tu control y que son merecedoras de deseo.
Veamos las cosas tal como son en verdad
Cuando algo sucede, lo único que está en tu mano es la actitud que tomas al respecto; tanto puedes aceptarlo como tomarlo a mal.
Lo que en verdad nos espanta y desalienta no son los acontecimientos exteriores por sí mismos, sino la manera en que pensamos acerca de ellos.
No son las cosas lo que nos trastorna, sino nuestra interpretación del significado.
Las cosas y las personas no son lo que deseamos que sean ni lo que parecen ser. Son lo que son.
Feliz día, salud y amor.
Ruben Nuñez Besteiro

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