Con arcilla se moldea un recipiente, pero es precisamente el espacio que no contiene arcilla el que utilizamos como recipiente»
Lao-Tsé
Pertenezco a una generación en la que las abuelas cocinaban con la olla a medio tapar, con el fuego a medio gas y el sonido del borboteo del agua oyéndose en la casa durante horas. Recuerdo la comida de mi abuela como una de las más sabrosas que he probado.
Con los años me he preguntado cual era su secreto para que todo le saliera tan bien en la cocina, y pensándolo mucho creo sin duda en haberlo encontrado: el tiempo.
Deteneros un segundo, incluso pausa este podcast y asómate a una ventana donde pasa gente. Seguramente veas lo mismo que yo: prisa, ruido, velocidad y desconexión.
El mundo llevaba tiempo pisando el acelerador. Hace un par de años todo quedó parado debido a una «pandemia global», y ahora lejos de levantar el pie parece que hemos vuelto con mas ansiedad a seguir queriendo ir rápido, diluyendo así nuestra capacidad de atención y concentración.
Creo que muchos de nuestros problemas a nivel personal, se pueden resolver al igual que hacia mi abuela, con tiempo, es decir, con pausa, con tiempo vacío, de silencio, de presencia y de atención a lo que tengo delante.
Se trata de parar. Es cierto que hay un acelerador global y otras circunstancias externas que no podemos controlar y que nos influyen a todos, pero además de esto, nosotros también solemos añadir vas presión y velocidad. Así que, os invito a levantar el pie, no temáis. Parece que está mal visto no hacer nada. Hemos creado una sociedad donde no estar ocupados con mil cosas, todos los días, no está bien considerado. Entiendo que existe la necesidad para mucha gente de estar trabajando el mayor tiempo posible para ganar dinero y pagar sus necesidades, pero también quizás sea un buen momento para que empiecen a pensar si realmente ir tan con la soga al cuello merece la pena.
Me gustaría hacer esta pregunta: ¿Quién se atreve a decir que pasó unas horas mirando al techo?
Pues si, creo que se trata de eso. Al menos, de empezar por ahí, suavizando la dinámica que llevamos. Simplemente crear el hábito de parar aumentará la materia gris de nuestro cerebro, mejora nuestro sistema inmunológico tan necesario como hemos visto en los últimos años y nos dará a su vez sensaciones de bienestar, alejando y mitigando nuestro exceso de estrés.
Puedes parar de muchas formas distintas: con pequeños descansos de minutos repartidos a lo largo del día, quizás un descanso más amplio en la mitad de la jornada, paradas improvisadas cuando mas tensión sintamos… Cuando hablo de descansos, pueden ser desde minutos hasta aquello que consideres necesario para recomponerte. Con el tiempo nos ira siendo mas sencillo inducir ese estado de «desconexión» que tanto creo que necesitamos.
No importa que estés en la oficina, en el transporte público, a punto de abrir el táper para comer o en el vestuario del gimnasio. Simplemente, detente un minuto. Para, siente tus pulsaciones, respira hondo varias veces y comienza a notar cómo bajan las revoluciones de tu motor interior.
Pausar nos permite recuperar nuestra atención y concentración, y con ello, podemos recuperar la sensación de control sobre nuestras vidas. Aquello que hacemos, y aquellos con quien nos relacionamos, merecen que le demos toda nuestra atención y cariño. Solo así sabremos que lo que hacemos será algo de calidad, y nuestras relaciones tendrán de nosotros aquello que mas necesitan para ser bellas y fructíferas.
Espero de corazón de os haya gustado esta reflexión sobre como darle mas tiempo y atención a lo que hacemos en nuestra vida, porque así lo merece.
Ruben Núñez Besteiro

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