Cada día disfrutamos de placeres o realizamos acciones que a priori parecen inofensivas, pero que mantenidas en el tiempo tienen un alto porcentaje de convertirse en adicciones en toda regla.
Comenzamos con un café por la mañana y al poco tiempo ya no podemos empezar el día sin él, de hecho si no tomamos el milagroso café nos autoconvencemos de que el día ya irá mal encaminado. A lo largo del día realizando tareas, en muchas ocasiones tenemos el impulso de mirar nuestro móvil porque nos ha parecido sentir una vibración, nada más lejos de que era una vibración fantasma revelando nuestra ansiedad constante por sentirnos notificados por algo o alguien. Muy pronto, estos hábitos inofensivos pueden llegar a arruinar nuestra vida, porque decidimos darles el poder de controlar nuestras decisiones.
Estos impulsos no solo socavan nuestra libertad y nuestra soberanía, sino que también nublan nuestra claridad. Creemos que tenemos el control, pero ¿es así?.
En palabras de un adicto, la adicción se da cuando «perdemos la libertad de abstenernos». Recuperemos esa libertad.
En tu caso, esa adicción puede variar: ¿refrescos?, ¿drogas?, ¿quejarte?, ¿cotillear?, ¿morderte las uñas?… Sin embargo, debes recuperar la capacidad de abstenerte, porque en ella se encuentra tu claridad y el control de ti mismo.
Si tuviéramos que medir lo que es bueno por la cantidad de placer que brinda, nada sería mejor que el autocontrol»
MUSSONIO RUFO

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