En la práctica deportiva nos enfrentamos a rivales para buscar la victoria o superar rondas. Pero solemos olvidarnos de un rival que siempre va de nuestra mano, y que puede ser el peor de todos, NOSOTROS MISMOS. Aprender a identificarlo para mantenerlo a ralla es clave para tener un buen rendimiento deportivo.
Digamos que en nuestra mente de deportista tenemos presentes dos YO.
YO número 1 sería la mente egoica que suele interferir en el funcionamiento natural del YO numero 2, y el YO número 2, es la mente ejecutora.
La armonía entre los dos yoes se produce cuando la mente está en calma y concentrada. Solo entonces se puede rendir al máximo.
Estar concentrado lo definiríamos cuando un deportista no está pensando cómo, cuando o incluso dónde realizar una acción. No está intentando hacer algo y después de hacerlo se queda pensando si lo que hizo estuvo bien o mal.
El máximo rendimiento requiere de una desaceleración mental. Esto quiere decir menos pensamientos, menos cálculos, menos juicios, menos preocupaciones, menos miedos, menos expectativas, menos intentos por esforzarse, menos lamentaciones, menos controles, menos nervios, menos distracciones. La mente está en calma cuando está en el aquí y ahora.
La primera habilidad de que tenemos que aprender es la de abandonar nuestra tendencia a juzgarnos a nosotros mismos y juzgar nuestro desempeño como bueno o malo. Cuando desaprendamos nuestra tendencia a emitir juicios, podremos alcanzar un tipo de juego espontáneo y concentrado.
DEJAR DE JUZGAR
El juicio es el acto por el cual se asigna un valor positivo o negativo a un evento. Eso quiere decir que algunos eventos que forman parte de nuestra experiencia son buenos y nos gustan, y otros son malo y no nos gustan. Los juicios son las reacciones personales de nuestro ego a todo lo que experimentamos: objetos visuales, sonidos, pensamientos y sentimientos.
El juicio es el que da inicio al proceso de pensamiento. Cuando juzgamos como bueno o malo nuestras acciones durante la práctica deportiva, iniciamos este proceso que traerá consecuencias. Si juzgamos que lo hemos hecho mal, comenzaremos a pensar que es lo que ha fallado. Seguidamente pensaremos como corregirlo. Luego intentaremos esforzarnos en hacerlo bien y nos daremos instrucciones para ello. Finalmente volveremos a evaluarnos. Obviamente con todo esto, nuestra mente está lejos de hallarse en silencio y esto se repercutirá en nuestro cuerpo, ya que seguirá tenso y estará más cerca de volver a fallar que de corregirse.
En resumen, comenzamos a convertirnos en aquello que pensamos.
El juicio produce tensión, y la tensión interfiera en la fluidez que requiere el movimiento preciso y rápido. La relajación produce acciones fluidas y es el resultado de aceptar las propias acciones tal y como son, incluso si son erráticas.
El primer paso es analizar como son tus acciones durante la actividad deportiva. Tienes que percibirlas con claridad. Esto solo puede hacerse cuando el juicio personal está ausente.
Hace falta abandonar el antiguo hábito de corregir los defectos, es decir, es necesario abandonar el juicio y ver qué pasa.
DERROTANDO AL YO NUMERO 1
Los halagos y felicitaciones son necesarios, pero también alimento el ego del YO número 1. El YO número 1 siempre está buscando aprobación e intentando evitar la desaprobación, esta sutil mente egoica ve cada elogio como una crítica en potencia. El YO número 1, la mente egoica, siempre quiere ser el responsable de «mejorar» las cosas. Quiere desempeñar un papel protagonista en cómo se desarrollan las cosas. Y se preocupa y sufre cuando las cosas no salen como el quiere.
Está claro que las evaluaciones positivas y negativas van juntas. Es imposible juzgar un hecho como positivo sin juzgar otros hechos como no positivos o negativos. Es imposible eliminar únicamente el lado negativo de todo juicio.
Debemos desarrollar la habilidad de la conciencia libre de juicio. Cuando conseguimos «desaprender» nuestra tendencia a juzgar, descubrimos, generalmente con cierta sorpresa, que no necesitamos la motivación de un reformador para cambiar nuestros «malo» hábitos. Quizás solo necesitemos ser un poco más conscientes de las cosas.
Aprender a identificar como hacemos las cosas para poder cambiarlas, sin entrar en juicios sobre nosotros mismos o circunstancias externas.
Es importante tener en cuenta que no todos los comentarios son juicios. El reconocimiento de tus puntos fuertes, de tus logros y tus esfuerzos, así como los de los demás, pueden facilitar el aprendizaje natural, a diferencia de los juicios, que sí representan un interferencia. ¿Cuál es la diferencia entre los dos? El reconocimiento y el respeto por tus propias capacidades ayudan a aumentar la confianza en el YO número 2. Los juicios del YO número 1, por el contrario, pretenden manipular y menoscabar esa confianza.

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