Esta semana se ha celebrado el Día Mundial de la Salud Mental, y por ello quiero dar luz a estos datos sobre los últimos descubrimientos en la psicología.
Según los informes que se publican con regularidad, los trastornos mentales y neurológicos constituyen el reto sanitario, político y social más importante en la Europa del siglo XXI. Prácticamente cuatro de cada diez ciudadanos europeos manifiestan alguna clase de trastorno en algún momento de sus vidas.
Alrededor de 70 millones padecerían problemas de ansiedad, 30 millones depresión, 30 millones insomnio, 20 millones desórdenes psicosomáticos, 15 millones problemas con el alcohol, 8 millones problemas relacionados con el estrés, 6 millones alguna clase de demencia, 4 millones trastorno de personalidad, 3 millones TDAH, 3 millones TOC y algo más de 1 millón problemas relacionados con la alimentación.
Lamentablemente, y seguimos en Europa, solamente una de cada cuatro de esas personas recibe «alguna» atención sanitaria.
DESDE LA INFANCIA
No es un mero detalle que sea habitual que esos problemas sean ya visibles desde la infancia, influyendo negativamente en el desarrollo neurocognitivo, en el desempeño escolar y, por supuesto, en el funcionamiento y la integración sociales. Es también frecuente que los problemas persistan a lo largo de la vida.
A LO LARGO DE TODO EL MUNDO
En el mundo, la OMS ha señalado que hay más personas con trastornos psicológicos que enfermos de cáncer o con problemas cardiovasculares. De los males que azotan a la humanidad, los psicológicos se encuentran entre los más extendidos. Solamente el 1% de las personas que lo necesitan reciben alguna clase de atención psicológica.
La Unión Europea destina un 20% del gasto sanitario a las enfermedades relacionadas con el sistema nervioso, pero solo el 5% del dinero destinado a investigación se dirige hacia este tipo de enfermedades. Sin investigación, la práctica no avanza y los pacientes no mejoran.
¿CUÁNTO SE TARDA EN RESOLVER UN PROBLEMA PSICOLÓGICO?
No existe un criterio absoluto para saberlo. Hay cientos de estudios sobre la eficacia de la terapia psicológica, y el tiempo es un criterio que se considera relevante. Tratar una fobia a las serpientes o conseguir que un niño de diez años deje de mojar la cama puede suponer un tiempo relativamente corto (semanas), mientras que enfrentarse a un grave y persistente trastorno depresivo o de ansiedad puede conllevar duros y largos meses de trabajo.
Los trastornos se pueden categorizar, entre otras posibilidades, en psicóticos (esquizofrenia y depresión), neuróticos (fobias, pánico, obsesiones y compulsiones), de la personalidad (por ejemplo, psicopatía) y de la infancia.
TRATAMIENTOS
Finalmente, las terapias se pueden dividir en tratamientos físicos y psicológicos.
Los primeros corresponden a los fármacos, la terapia electroconvulsiva o la psicocirugía. Famosos medicamentos como el Prozac, el Ritalín o el Valium caen en la primera categoría. La terapia electroconvulsiva estuvo desacreditada durante años, pero en la actualidad no se descarta en algunos casos. La psicocirugía supone realizar una operación para aislar el foco físico de trastornos como la epilepsia o el TOC.
Dentro de los psicológicos se pueden identificar las terapias conductuales (modificación de conducta, desensibilización sistemática, inundación, etc.), cognitivas (racional-emotiva, entrenamiento en auto instrucciones, constructos personales, etc.), humanistas (terapia centrada en el cliente), de acción (análisis transaccional, psicodrama), existenciales (comunidad terapéutica) y psicodinámicas (psicoanálisis).
Prácticamente todas poseen efectos beneficiosos, y la principal razón parece descansar en el efecto inespecífico que comparten, así como en el grado de competencia del terapeuta.
La clasificación de problemas o trastornos, así como de distintos tipos de terapia o tratamiento, debe considerarse algo abierto y sujeto a cambio. Los avances en la investigación modifican el paisaje en el que se desarrolla el trabajo de profesionales.
Desde esa perspectiva, los estudios más recientes apoyan la conclusión de que distintos tipos de problemas psicológicos se encuentran relacionados y pueden, por tanto, agruparse.
Una de las principales agrupaciones más habituales distingue los problemas de interiorización, de exteriorización y los desórdenes del pensamiento. Los primeros se asocian a la ansiedad y la depresión, los segundos a la antisocialidad y el abuso de sustancias, mientras que los terceros lo hacen a los síntomas psicóticos (por ejemplo, esquizofrenia).
Existe una tendencia general a presentar alguna clase de problemática psicológica, vinculada a un mayor número de problemas vitales y un peor historial desde temprana edad. Las personas con una mayor tendencia general presentan más problemas para regular y controlar la relación con los demás, con el entorno y consigo mismos. Según los científicos, el motivo por el que eso sucede puede estar en que todos los problemas psicológicos, sean cuales sean, se expresan a través del funcinamiento del mismo organo: el cerebro. Si el cerebro se estropea, entonces los efectos psicológicos serán lo de menos. Lo que importará será que ese órgano ha dejado de funcionar como debiera, lo que puede exigir que se reorienten los tratamientos y terapias.
CUIDAR NUESTRO CEREBRO
De bien conocidos por todos hábitos saludables como una actividad física rutinaria, una buena alimentación equilibrada y variada, el cero consumo de alcohol y sustancias neurotóxicas y el descanso optimo entre 7 y 9 horas diarias, son fundamentales para mantener a nuestro cerebro en forma.
Como no, además darle cariño y amor, pasando tiempo con nuestros seres queridos y amigos, pero de calidad, no las sobras del día a día o del fin de semana. Debemos estar cerca de los nuestros aunque sea telemáticamente, ya que somos seres sociales y cuidar nuestras relaciones es vital para la salud de nuestro cerebro.
Esto son algunos hábitos/acciones que pueden ayudarnos, las he comentado muy por encima. En ocasiones entiendo que no es tan sencillo para todos según nuestras circunstancias, pero sabiendo que existen herramientas que pueden ayudarnos, que menos que interesarnos por ellas e intentar acoplarlas a nuestras rutinas, más que nada que al final van a ser positivas para nuestra propia salud, y ayudaremos a que también repercuta en la salud de los que nos rodean.
RESUMIENDO
Dar voz a los problemas de salud mental es clave para poder hacerles frente.
Acudir a terapia no es un estigma, ni se debe considerar de loco a la persona que así lo comete. La sociedad debe entender que la salud mental es una parte más de nuestra vida, al igual que la gente va al masajista, a un buen restaurante o a clase de pilates.
Conocer y reconocer, es el primer paso para poder estar bien con uno mismo.

Deja una respuesta