La mente es como un paracaídas, solo funciona si se abre»
Nan-in, un maestro japonés del período Meiji (1868-191) recibió a un profesor universitario que fue a preguntarle acerca del Zen.
Nan-in comenzó a servir el té. Llenó la taza de su visitante y aún cuando la taza ya estaba llena, continuó vertiéndolo. El profesor observó como la taza rebosaba y como el té iba cayendo al suelo, hasta que no pudo contenerse más y gritó: «La taza rebosa. ¡ya no cabe más!.
«como esta taza» dijo Nan-in, «usted rebosa de sus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedo enseñarle Zen a menos que primero vacíe su taza?.
Si queremos aprender algo nuevo, es preciso que dejemos a un lao nuestras ideas previas y que nos abramos a la posibilidad de descubrir algo diferente.

El proceso de aprendizaje se divide en 4 etapas, y es necesario atravesar cada una de ellas para integrar de forma permanente el cambio o aprendizaje que se desea adquirir.
Estas 4 fases se construyen sobre dos distinciones:
- Si sabemos o no sabemos hacer algo: competencia versus incompetencia.
- Si somo o no conscientes de lo que sabemos o dejamos de saber: consciencia versus inconsciencia.
ETAPA 1: La incompetencia inconsciente
Hay un periodo de tiempo en el que no sabías (es la «incompetencia») y no si quiera sabías que no sabías (es la «inconsciencia»). Vivías, por así decirlo, ajeno a determinadas realidades.
Esta etapa responde a la pregunta: ¿Qué es lo que no sé que no sé? Todavía no sabes que te estás perdiendo, pues desconoces que exista.
ETAPA 2: La incompetencia consciente
Llegó el día (siempre llega) en que te diste cuenta de que no sabías hacer según qué cosas. Llegó el día en que te llevaron al colegio, te sentaron en un pupitre y un maestro o maestro te habló de las letras, comenzando por las vocales y, como es lógico, por la primera de ellas. Y entonces descubriste la «a» y, con ellas, las letras. Y descubriste, como todos nosotros, que ignorabas el nombre y el sonido de muchas otras letras.
En aquel momento, cuando descubriste la primera letra, dejaste de ser ajeno a aquella realidad. Aún no sabías escribir (seguías en la «incompetencia»), pero ya eras «consciente» de ello.
En esta segunda fase sabes que no tienes las competencias para realizar alguna actividad, aunque sí sabes qué es esa actividad.
ETAPA 3: La competencia consciente
Y llegó el día en el que aprendiste el abecedario de corrido, y el nombre y el sonido de cada letra, y las combinaciones que admitían y la manera de escribirlas. En ese momento abandonaste la incompetencia en que habías vivido hasta entonces: desarrollaste una competencia, pero, eso sí una competencia consciente. Sabías, pero tenías que pensar antes de escribir una palabra. Hacer esas cosas suponía un esfuerzo «consciente», prestar una especial atención a tu tarea… Habías adquirido una habilidad, pero todavía no era automática.
En este paso se ha aprendido a realizar una actividad, es decir, se han adquirido las habilidades. Ahora bien, el conocimiento es reciente y, por tanto se hace necesario poner la conciencia en la acción.
ETAPA 4: La competencia inconsciente
Con el transcurso del tiempo y con ayuda de la práctica, llegaste a este último nivel del aprendizaje. Aprendiste a escribir rápidamente, a tomar apunte en clases mientras pensabas en cualquier otra cosa, a teclear frente a la pantalla de un ordenador, etc. Llegados a este punto seguías siendo «competente» pero, y eso es lo importante, tu habilidad se había vuelto «inconsciente» o por decirlo de otro modo, espontánea, natural. Descubriste que sabías hacer cosas sin tener que pensar en cómo hacerlas y ése es, precisamente, el objetivo de todo aprendizaje.
El aprendizaje se integra y se lleva a cabo de manera automática, forma parte de la persona. Ya es innecesario pensar en cada paso, se realizan desde la sabiduría interior.
Por ello cuando te preguntes cómo vas a hacer para integrar todos esos nuevos conocimientos, la respuesta es : práctica, práctica, y más práctica.

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